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Solo en el asombro habita el lenguaje que pueda nombrar lo inefable y ese lenguaje es necesariamente poético...
Es, al fin y al cabo, el lenguaje del amor, de la mística y del encuentro el que puede decir algo de lo divino sin malversar ni su realidad inaprensible ni la experiencia de quien se acerca a ella.
Eduardo Tatángelo

